Cuentos: Educación de Príncipe y Pañuelos (Julio Cortázar)
EDUCACION
DE PRINCIPE
Los
cronopios no tienen casi nunca hijos, pero si los tienen pierden la cabeza y
ocurren cosas extraordinarias. Por ejemplo, un cronopio tiene un hijo, y en
seguida lo invade la maravilla y está seguro de que su hijo es el pararrayos de
la hermosura y que por sus venas corre la química completa con aquí y allá
islas llenas de bellas artes y poesía y urbanismo. Entonces este cronopio no
puede ver a su hijo sin inclinarse profundamente ante él y decirle palabras de
respetuoso homenaje.
El
hijo, como es natural, lo odia minuciosamente. Cuando entra en la edad escolar,
su padre lo inscribe en primero inferior y el niño está contento entre otros
pequeños cronopios, famas y esperanzas. Pero se va desmejorando a medida que se
acerca el mediodía, porque sabe que a la salida lo estará esperando su padre,
quien al verlo levantará las manos y dirá diversas cosas, a saber: —Buenas
salenas cronopio cronopio, el más bueno y más crecido y más arrebolado, el más
prolijo y más respetuoso y más aplicado de los hijos! -
Con
lo cual los famas y las esperanzas júnior se retuercen de risa en el cordón de
la vereda, y el pequeño cronopio odia empecinadamente
a su padre y acabará siempre por hacerle una mala jugada entre la primera
comunión y el servicio militar. Pero los cronopios no sufren demasiado con eso,
porque también ellos odiaban a sus padres, y hasta parecería que ese odio es
otro nombre de la libertad o del vasto mundo.
PAÑUELOS
Comentarios
Publicar un comentario